¿PROHIBIR EL USO DE MÓVILES EN LA SOCIEDAD DIGITAL?
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¿Prohibir el uso de los móviles en la sociedad digital?

Hace más de una década asistí a unas jornadas educativas sobre tecnología y educación. En un formato similar a las conferencias TED, los ponentes exponían sus ideas sobre la imperiosa necesidad de incorporar los dispositivos electrónicos en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Los conferenciantes hablaban de forma apasionada en torno a diez minutos y como buenos oradores trataban de inspirar a los allí presentes y provocar emociones positivas en favor de sus razonamientos. Uno de ellos para explicar la crisis de la educación y el desinterés de parte del alumnado en el aprendizaje, vino a decir que todavía (se refería a aquel momento) los profesores mandan leer El Quijote, de Cervantes, a sus alumnos; en lugar de darles un dispositivo y facilitarles que se conecten con su mundo real. El público entusiasmado aplaudió con fervor esa reflexión. Si la recuerdo es porque no me sentí identificado con una idea que enfrentaba vías pedagógicas complementarias del proceso de aprendizaje.

Era la época en la que se recomendaba la metodología “Bring your own device” (trae tu propio dispositivo en inglés, abreviado BYOD). Una política educativa consistente en que el alumnado lleve sus propios dispositivos personales (portátiles, tabletas, móviles…) al aula, para tener acceso a recursos del centro educativo, tales como bases de datos y archivos en servidores, así como a datos y aplicaciones personales

En aquel tiempo, Marc Prensky acuñó el término de nativos digitales para referirse a las nuevas generaciones frente a los emigrantes digitales (el profesorado), e incluso se atrevía a dar la solución a los problemas de atención del alumnado en su libro  “Enseñar a nativos digitales”. “¿Los alumnos de hoy son diferentes?, ¿Tienen déficit de atención?” se preguntaba, y contestaba “Para los que sí tienen problemas de atención los chicos de hoy es para nuestros viejos métodos de enseñanza”.

La Ley Orgánica de Educación de 2006 incorporaba como principio pedagógico que el profesorado debía trabajar las tecnologías de la información y comunicación en todas las materias y áreas, además de incorporar la competencia digital en los currículos escolares.

Después llegó la pandemia de la COVID-19 que supuso la suspensión de la educación presencial y por real decreto se determinó que durante ese periodo se mantendrían las actividades educativas a través de las modalidades a distancia y «on line», siempre que resultara posible. En esta crisis decisiva para el proceso de enseñanza y aprendizaje el debate se centró en la brecha digital del alumnado, que supuso la desigualdad de acceso a los dispositivos tecnológicos y que tuvo como consecuencia la pérdida de oportunidades culturales, sociales y económicas.

Gracias a los fondos europeos del programa Next Generation de la Unión Europea, para salvar los efectos de la pandemia, el gobierno de España definió el Programa para la digitalización del sistema educativo, en el marco del componente 19 «Plan Nacional de Capacidades Digitales» del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Que establece un Plan Nacional de Competencias Digitales, para  avanzar y mejorar en la digitalización de la educación, tanto en lo relativo a medios tecnológicos disponibles por parte de la comunidad educativa, como en la integración efectiva y eficaz de las tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

En este nuevo contexto, la actual Ley educativa que entró en vigor en 2021 ( Ley Orgánica 3/2020 de modificación de la Ley Orgánica de Educación) ha sustituido, como principio pedagógico en la LOE, el aprendizaje del uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC), por el aprendizaje de la competencia digital en todas las áreas y materias del currículo.

Una competencia que tiene por objetivo la adquisición, por parte del alumnado, de los procesos para el uso de dispositivos tecnológicos y la generación de actitudes democráticas y saludables en su utilización, con la finalidad de conseguir la capacitación, de nuestra infancia y juventud, que garantice su plena inserción en una imprevisible sociedad digital. Se trata de que nuestros jóvenes aprendan a utilizar, de un modo seguro, los medios digitales y sean respetuosos con la dignidad humana, los valores constitucionales, los derechos fundamentales y, particularmente, con el respeto y la garantía de la intimidad individual y colectiva. Este es uno de los fines del sistema educativo español (artículo 2.l de la LOE) y los centros educativos habrán de orientar, por Ley, su actividad a la consecución del mismo, tal y como establece el artículo 108 de la Ley Orgánica de Educación.

Con estos antecedentes se ha abierto un debate sobre la prohibición del uso de los teléfonos móviles, por parte del alumnado en los centros educativos. Un debate cargado de confusiones y que ya está resuelto en la propia normativa.

En esta controversia, la Ministra de Educación manifestó en la cadena Ser, el 24-11-2023, que apuesta por la educación  frente a la prohibición del uso de los móviles a los niños y adolescentes. En su opinión, la solución no pasa «solo por prohibir o por medidas coercitivas» porque “serían como poner puertas al campo» (puedes leer AQUÍ la noticia).

Dicho lo anterior, el 13-12-2023, el Ministerio de Educación ha lanzado la idea de regular el uso de los teléfonos móviles en los centros educativos para los cursos de Primaria y la ESO. Señalando que  la propuesta que van a llevar a una reunión, a finales de enero, con las Comunidades Autónomas y el Consejo Escolar sería, en Primaria, la prohibición en todo el horario lectivo. Además, también abogan porque no se use tampoco en espacios como el recreo y comedor. Para Secundaria la propuesta señala que se permita el uso solo sí lo decide el profesor en clase (puedes leer la noticia AQUÍ)

Y es que el debate sobre el uso de los teléfono móviles en los centros educativos ya está resuelto por la propia normativa. Porque los centros tienen reconocida, por Ley Orgánica, la autonomía organizativa y pedagógica para adoptar, en sus proyectos educativos y normas de organización y funcionamiento, las decisiones que consideren oportunas sobre la prohibición o el uso del teléfono móvil por parte del alumnado. El profesorado, con la normativa actual, puede decidir cuándo, cómo y para qué se utilizan los teléfonos móviles en los centros de enseñanza.

No tiene mucho sentido, en mi opinión, prohibir lo que ya está prohibido y autorizar aquello sobre lo que los centros tienen la capacidad de decisión a través de sus órganos de gobierno y participación de la comunidad educativa; máxime cuando la propia normativa señala a la educación como el medio más adecuado para que el alumnado pueda construir su personalidad, conformar su propia identidad personal y configurar su comprensión de la realidad, que acontece en la sociedad en la que viven.

Una realidad que la tecnología va a remodelar y que propiciará que nos movamos en entornos híbridos (físicos y virtuales) para los que tendremos que recibir educación y formación con el objetivo de poder insertarnos plenamente en una sociedad cambiante e impredecible y poder participar activamente en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable frente a los riesgos y amenazas que el futuro nos depara.

Hoy en día no tenemos ni idea de cómo será el futuro (por ejemplo) dentro de veinticinco años. La inteligencia artificial generativa ha irrumpido en nuestras vidas abriendo un mundo desconocido. Nuestro alumnado necesitará capacidad para dar sentido a la información y saber enfrentarse a las noticias falsas, desarrollar capacidades, propiamente humanas, como el pensamiento crítico, la comunicación, la colaboración y la creatividad, haciendo hincapié en las habilidades que permiten al ser humano enfrentarse con el cambio permanente, como fuente de aprendizaje y mantener el equilibrio mental, en situaciones con las que no estamos familiarizados.

Nadie puede predecir los cambios específicos que presenciaremos, pero en el mundo de la tecnología será difícil prohibirlos. Y como señala Noah Harari (21 lecciones para el siglo XXI) “Si intentamos aferrarnos a alguna identidad o visión del mundo estables, nos arriesgamos a quedar rezagados mientras el mundo pasa zumbando por nuestro lado”.

La inteligencia artificial estará al alcance de nuestra mano y nos permitirá impulsar un aprendizaje más personalizado y profundo, adaptado al ritmo y a las particularidades de cada estudiante. “Además, tendremos que aprender a lidiar con los posibles efectos negativos que el uso de los dispositivos digitales puedan tener sobre la concentración, el aprendizaje y el bienestar de los alumnos. Nada hace pensar, en todo caso, que no podamos lograrlo e integrar exitosamente la tecnología digital en nuestro sistema educativo”, tal y como señala el informe elaborado por el propio Gobierno “España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo”.

No existe el nirvana en el cambio educativo, al introducir los dispositivos móviles para usos y fines pedagógicos en las aulas. Cada solución, en educación, trae un nuevo conjunto de problemas, como señala A. Hargraves y M.Fullan en su obra Capital Profesional. Pero con el tiempo, si dotamos de medios, recursos y apoyo al profesorado, el impacto mejora con la evaluación de las medidas adoptadas, al igual que la entidad de los problemas. Y sobre todo enfrenta al sistema educativo con las necesidades que surgen de los cambios sociales y tecnológicos. 

Frente a un mal uso de los dispositivos en las aulas, está la pedagogía, reforzar la autoridad del profesorado y las medidas de respuesta que la propia tecnología ofrece a la Administración, para canalizar la utilización correcta de los mismos en espacios públicos. Frente al mundo de la tecnología, “el mundo de la elección es el mundo de los seres humanos, el territorio donde actúa la voluntad” (Emilio Lledó “Sobre la educación”). Frente a la prohibición está la educación en la competencia digital para garantizar un uso responsable de los teléfonos móviles.

Noah Harari, en su libro “Homo Deus” nos dice que “durante miles de años la historia ha estado llena de turbulencias tecnológicas, económicas, sociales y políticas. Pero algo permaneció inalterable: la propia humanidad. (….) las estructuras profundas de la mente humana siguen siendo iguales”. Esta es la razón por la que todavía podemos vernos reflejados en los escritos de nuestros antepasados, porque “fueron creados por humanos que eran como nosotros, razón por la cual sentimos que hablan como nosotros”. Y esta debiera ser, también, la razón para impulsar una escuela humanista, que cultive la capacidad de pensar por nosotros mismos y la gestión de las emociones, que contribuya a nuestra socialización y a mejorar nuestras competencias cognitivas.

Una escuela para pensar en libertad y actuar con responsabilidad, que conecte con las obras de filósofos y escritores de otro tiempo y con los avances tecnológicos puestos al alcance de nuestro alumnado. Son compatibles y contribuirán a una mejor educación de las futuras generaciones. Porque Cervantes escribió su obra, El Quijote, para ser leída en cualquier formato y tiempo, siendo plausible en esta sociedad digital.

“Dichosa edad, y siglo dichoso aquel donde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas para memoria en lo futuro”. 

Juan José Arévalo Jiménez

Preparador de la oposiciones de acceso al Cuerpo de Inspectores de Educación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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