¿ A QUIÉN PERTENECE LA METODOLOGÍA? - Juan Jose Arevalo Jimenez
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¿ A QUIÉN PERTENECE LA METODOLOGÍA?

El alumnado reacciona de manera distinta ante la metodología que le ofrece el profesorado. Por desgracia, las decisiones compartidas en metodología se van diluyendo a medida que el alumno avanza en la transición entre cursos y etapas.

El problema, a mi modo de ver, es tan grave que ha llegado a suponer que una Ley Orgánica hable desde el año 2006 de la necesidad de trabajar, en los centros educativos, bajo el principio de colaboración y trabajo en equipo. Pero esa referencia legislativa sólo tendrá valor en la aplicación del principio de responsabilidad. Porque lo que finalmente se hace en los centros educativos depende de lo que piense el profesorado, desde la reflexión sobre su propia acción y sobre el efecto que cualquier cambio producirá en  la misma.

Así tenemos un profesorado muy motivado con el cambio y otro sector que no cree en ese nuevo modelo porque, a su entender, no supone una mejora, sino una moda o una imposición.

Al final, el principal perjudicado, de decisiones no compartidas, sería el alumnado, que en lugar de transitar de un curso a otro, va saltando algunos obstáculos, que se empiezan a convertir en insalvables al pasar de 6º de Primaria a 1º de la ESO. Porque… ¿Qué les pasa a los niños y niñas en el verano que finalizan la primaria? ¿Qué les ocurre para pasar de una tasa de repetición del (media) 2,5% en 6º de Primaria al (media) 9,7% en 1º de la ESO? (Datos del Sistema Estatal de Indicadores de 2019).

Seguro que hay muchas razones, pero podemos asegurar, si hacemos autocrítica, que una de ellas es el cambio metodológico y la falta de coordinación.

Seguro, también, que hay muchos que consideran inexpugnable el territorio individual de las decisiones metodológicas. Forma parte de nuestra tradición, entender que depende de cada maestro el método de enseñanza. Entender que la libertad de cátedra que garantiza la Constitución y la Ley Orgánica del Derecho a la Educación al profesorado, les da el derecho a tomar de manera individual todas aquellas decisiones orientadas a organizar el proceso de enseñanza y aprendizaje que se desarrolla en las aulas.

La metodología sería la hipótesis de partida para establecer las relaciones entre el profesorado, el alumnado y los contenidos y competencias de enseñanza y comprende los métodos de trabajo, la organización de tiempos, agrupamientos y espacios, los materiales y recursos didácticos seleccionados y las medidas normalizadas y de apoyo para dar respuesta a la diversidad del alumnado.

Del estudio de la legislación no encontraremos apoyo de la idea de una autonomía individual del profesor en la adopción de este tipo de decisiones. La autonomía pedagógica es una conquista de los centros de enseñanza, que ejerce el profesorado a través de sus órganos de participación y órganos de coordinación docente. Porque diseñar e implantar métodos pedagógicos y didácticos propios, para desarrollar el currículo, es una competencia del centro educativo, como unidad de decisión (artículo 6,bis.d). Le corresponde al claustro, del que forma parte todo el profesorado, aprobar y evaluar la concreción del currículo y todos los aspectos educativos de los proyectos y de la programación general anual.

Le pertenece al profesorado decidir sobre la metodología a aplicar en el centro educativo, pero la decisión habrá de ser consensuada, bajo el principio de colaboración y trabajo en equipo. Tanto es así que ya en el 1986, se escribía que en caso de que algún profesor decida incluir en  actividad docente alguna variación respecto de la programación del departamento consensuada por el conjunto de sus miembros, dicha variación, y su justificación, deberán ser incluidas en la programación didáctica del departamento. En todo caso, las variaciones que se incluyan deberán respetar las decisiones generales adoptadas en el proyecto curricular de la etapa correspondiente.

Sería suficiente decir que está en la legislación para entender que las decisiones metodológicas son de los órganos de coordinación docente, bajo los criterios del claustro del profesorado. Pero volviendo al principio ¿cómo piensa un sector del profesorado?. Pues que la especialidad de las diferentes asignaturas no hace factible la adopción de criterios comunes metodológicos:  ¿qué tienen que ver las matemáticas con la Lengua Castellana o con la Educación Física?.

Es una lógica reflexión a medida que la especialización del profesorado es la seña de identidad desde la secundaria obligatoria hasta las enseñanzas postobligatorias. Sin embargo y a título de ejemplo, de la lectura de las orientaciones metodológicas, del Decreto de Currículo de Bachillerato (en Castilla-La Mancha y elaborado por grupos de profesorado), se podrán encontrar muchas analogías en las diferentes materias.

Hay más. Todas las asignaturas, tienen en común su contribución a la adquisición, por parte del alumnado, de las competencias clave y habría de decidirse qué son atendiendo al contexto del alumnado,  cómo y en qué grado se alcanzan durante el periodo de escolarización del alumnado, en el centro educativo. Las competencias, se conceptualizan como un «saber hacer» que se aplica a una diversidad de contextos académicos, sociales y profesionales, que requiere de una enseñanza interdisciplinar.

A su vez la evaluación, la recuperación de aprendizajes, el papel del alumnado, atendiendo a su edad, etc, son decisiones compartidas, si entendemos que el centro es la unidad de decisión y vemos al alumnado como nuestro centro de atención.

No hablo de decisiones hegemónicas. No hablo de una “marca” de metodología concreta. Hablo de un consenso de profesionales que debaten y ceden en adoptar decisiones compartidas, coordinadas en el tiempo, aplicables con mayor o menor definición atendiendo al contexto del profesorado y al ejercicio del liderazgo del director, que redunden en beneficio del alumnado en su andadura por el sistema educativo y éxito escolar.

Ya os digo que la Ley puede redactarse con el mejor objetivo, pero al final será  la “cultura escolar” del centro la que decida. Modificar esa cultura es uno de los aspectos más complejos del proceso de mejora. Algunas de las claves que ayudan a conseguirlo, formuladas desde el punto de vista del docente, son la formación del profesorado y el aprendizaje de la organización. Porque la Ley lleva desde el 1970 diciendo algo muy parecido: que “la eficacia del sistema educativo atiende a la revisión del contenido de la educación, orientándolo más hacia los aspectos formativos y al adiestramiento del alumno para aprender por sí mismo, que a la erudición memorística”. «Sólo» han pasado 50 años y la Ley sigue diciendo que «el sistema educativo tiene como principio básico propiciar la educación permanente. A tal efecto, preparará a los alumnos para aprender por sí mismos». Y, a título de ejemplo, eso de «aprender por uno mismo»,  tiene que ver con la adopción de decisión metodológicas.

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