De padre a padres con hijos con TDAH. - Juan Jose Arevalo Jimenez
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De padre a padres con hijos con TDAH.

En primer lugar decirte que entre un 3% y un 7% de la población infantil en edad escolar, presenta este trastorno, que se caracteriza, en mayor o menor grado (suelen clasificarse en tres) por la dificultad para mantener la atención, la hiperactividad y la impulsividad, tanto mental como conductual.

Afecta, fundamentalmente a las funciones ejecutivas del cerebro. Es decir nuestros hijos e hijas tienen dificultades para gestionar actividades mentales complejas, pensamientos necesarios para planificar, organizar, y evaluar el comportamiento necesario para adaptarse eficazmente al entorno y para alcanzar metas. Estamos ante un cerebro inmaduro en ese aspecto; aunque en otros aspectos, puede ser sobresaliente la madurez.

Es un problema orgánico, con un fuerte componente genético y en muchas ocasiones los síntomas permanecen a lo largo de la vida. Y a esta dificultad se le podrían sumar otras: trastorno desafiante, trastorno disocial o una sintomatología de ansiedad o depresión.

Con este diagnóstico, tenemos que ser realistas. Nuestros hijos e hijas tendrán conductas molestas, habrá desorden, dificultades de rendimiento académico y de relación con los demás, que puede conllevar a un cierto aislamiento (personal o forzado) y una pérdida gradual de autoestima, a medida que contrapone sus dificultades con las exigencias sociales y académicas. Y la falta de autoestima, se convertirá en parte de un círculo vicioso que retroalimentará al resto de dificultades.

¿Podemos ayudar desde el contexto familiar a nuestro hijo con TDAH? . Por supuesto que sí. Los padres son el referente en la ayuda que merecen nuestros hijos e hijas, pero ¡es agotador!. Prepárate porque vienen años duros y tendréis que hacerlo sólos o con la compañía de la pareja; pero, en ese caso, con un criterio definido y compartido. Nosotros tenemos que compensar esas dificultades en las funciones ejecutivas de nuestros hijos, teniendo un criterio claro, planificado en el tiempo (muy importante) y compartido por los padres.

Esa sería mi primera reflexión. Hay que conseguir mejorar su razonamiento y comportamiento, por medio del aprendizaje vicario o también llamado aprendizaje social. Vamos! que tenemos que ser un ejemplo, para ellos, en la gestión de las emociones; a pesar de lo duro que será el camino!.

A través de la observación de nuestra conducta nuestro hijo e hija va a adquirir a lo largo de los años, un conocimiento potencial muy positivo para su persona. Por ejemplo, si ante un contratiempo nuestro hijo se altera en demasía, y nos ve, en esa situación, actuar con tranquilidad, llegará a aprender a actuar de igual modo.  Así pues, comencemos a predicar con el ejemplo si queremos empezar a ayudar a los demás.

¿Se puede cambiar ese pensamiento con problemas ejecutivos? Pienso que con entrenamiento se puede cambiar casi todo. Necesitamos conseguir motivar a nuestros hijos e hijas a hacerlo, porque les va a suponer un esfuerzo.

Dicen que el amor lo puede todo, así que a por ello. Hacerles ver lo que les queremos, hacerles sentir que somos sus aliados incondicionales, pero justos en la respuesta; que son únicos y con grandes talentos; que no nos interesan las comparaciones; que todos tenemos nuestro sitio y nuestro mundo y acompañarles en este proceso de re-aprendizaje, hará que poco a poco puedan adquirir nuevas herramientas de autoregulación (autoinstrucciones) que les facilitaran guiar su mente hacia nuevos objetivos y retos que les vayan surgiendo con la madurez.

He pasado horas y horas (miles) observando el comportamiento de mi hija, para orientar los posteriores y he repetido (yo) Primaria (especialmente a partir de 5º curso se agravan los problemas) y Secundaria (3º de la ESO, fue durísimo). Codo con codo al principio (con tiempos cortos de estudio, por el problema de la impulsividad)  le preguntaba ¿dime que piensas ante esta tarea, cómo la vas a organizar, por dónde empiezas, cómo terminas?, para poder reorientar su pensamiento. Y se iba reorientado al encontrar estrategias (autoinstrucciones) que le ayudaban a planificar. Para conseguir, progresivamente, su propia autonomía en el aprendizaje.

La grave dificultad de la gestión del tiempo, provoca la ansiedad y trae el suspenso. Frente a la ansiedad, demos tranquilidad. Estamos apoyando a la persona, el resto es accesorio. La vida es un aprendizaje permanente, si cultivamos juntos recogerá su fruto. Y su fruto pende de sus inquietudes y talentos (tienen muchos, fíjate en ellos para reconducirlos y potenciarlos).

Lo más importante para nuestros hijos y nosotros, es que éstos sean felices y la felicidad pasa por la autoestima. Si conseguimos que confíen en si mismos, les damos una herramienta esencial para ser menos vulnerables, para mejorar sus habilidades académicas y sociales y un manual de autoconocimiento y mejora personal.

Hay una medicina que te recomiendo para tus hijos. Va a mejorar su capacidad de reacción, su control de la impulsividad, su círculo social, su concentración, su hábito de esfuerzo y sus niveles de autoestima. Se llama hacer deporte; mejor en grupo, pero que sea dirigido al principio.

Reconoce y alaba esos pequeños logros que consiguen, para convertirlos en grandes avances. ¿Por qué te alegras si solo saco un cinco?, me preguntaba. Porque lo importante es llegar, no la velocidad, le contestaba (la moraleja del cuento de la liebre y la tortuga, me vino muy bien…)

Poco a poco irás viendo avances. Esos pequeños logros son los apoyos del pasado en el presente continuo del desarrollo de nuestros hijos. Hasta que uno de ellos marca definitivamente el despegue de la autoconfianza que compensará esas dificultades de inicio.

Si somos perseverantes, poco a poco irán ganando autonomía en esa gestión de las funciones ejecutivas del cerebro, a la hora de planificarse y abordar una meta. Esa inmadurez inicial se convertirá en una madurez aprehendida (tomada a lo largo del tiempo, por un aprendizaje).

Es un proceso continuo de aprendizaje de nuestro cerebro y su pensamiento, porque recuerda que, en muchas ocasiones, algunos síntomas se mantienen a los largo de la vida. Por lo que tienes que estar preparado para volver a empezar, si fuera necesario.

Es agotador!. Pero tiene premio. El primero es que los queremos y nos quieren. El segundo es que al final el TDAH quizás no desaparezca, pero se diluye en las fortalezas y habilidades de la persona, que confía en si misma.

2 Comentarios
  • Jerónimo Fidel
    Publicado a las 10:01h, 08 abril Responder

    Gracias Juanjo,
    muy interesantes y muy acertadas tus reflexiones.

    • juanjo
      Publicado a las 10:05h, 08 abril Responder

      Gracias Fidel. Un saludo.

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