La importancia del lenguaje utilizado, para hablar de educación.
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El lenguaje de la educación

La educación es ciencia, emoción, ideología, libertad y derecho. Pensemos en la importancia de elegir un código de lenguaje al hablar de educación.

Cuando hablamos de educación, con nuestro interlocutor, tenemos que elegir uno de estos lenguajes de comunicación. En ocasiones se enfrentan posturas, mezclando los lenguajes, con resultados desafortunados. Uno habla de educación desde la emoción y lo enfrenta al derecho. O habla ideológicamente frente a una práctica científica.

En estos casos la comunicación falla y con ella la posibilidad de transmitir y enriquecerse. Surge así, en ocasiones,  lo que Marsharll B. Rosenberg llama el “lenguaje de la equivocación y el error”, en la medida que “las personas son educadas para pensar en  términos de juicios moralistas que implican equivocación o maldad” y de esa forma educar “para buscar fuera de si mismas, lo que  constituye lo correcto, lo incorrecto, lo bueno y lo malo”.

La falta de un acuerdo sobre el objeto  y la regulación de la educación en España tiene, en mi opinión, mucho que ver con la confusión que se genera entre lo que se dice y la reacción por ello. Lo que nos lleva, desde la interpretación y evaluación particular, a la descalificación.

No queremos cambiar de opinión, por el poder avasallador de las convicciones propias, frente a la percepción real de los sentidos.  Eduard Punsent lo denomina “nuestra predisposición a pensar el futuro, en términos del pasado”.

La sociedad concede una gran importancia a la educación que reciben sus jóvenes, convencida de que de ésta depende su futuro. La educación debería ser  el medio de transmitir y, al mismo tiempo, de renovar la cultura, el conocimiento y los valores que sustentan la sociedad actual. Siendo el futuro, nos acercamos a ella desde nuestra opinión, impregnada muchas veces de la huella de nuestro pasado y con el lenguaje que más nos interesa para defenderla.

De todos los lenguajes, pienso que el que menos interesa es el del derecho. Siendo la educación, en origen, un derecho natural del ser humano que le ha permitido evolucionar. Su transformación en un derecho fundamental, reconocido en Declaraciones Internacionales  y la propia Constitución, no le da, sin embargo, ninguna prioridad en el lenguaje. Es más, en muchas declaraciones se convierte en residual.

El derecho es racionalismo, frente a la pasión de la emoción o la ideología. El lenguaje del derecho es seco y frío. No viene de la naturaleza de la opinión. Es más, su aceptación puede suponer una renuncia a las convicciones particulares; frente al pacto social.

Hoy en plena pandemia, se ha  declarado el primer estado de alarma, en la historia democrática, que afecta a la educación. Los interlocutores de la comunicación sobre la educación siguen enfrentando lenguajes de distintos códigos. Lo que aboca a la falta de entendimiento.

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