El pensamiento crítico: una competencia de futuro - Juan Jose Arevalo Jimenez
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El pensamiento crítico: una competencia de futuro

Dice Emilio Lledó, en su libro Sobre la Educación, ¿qué importa la libertad de expresión si lo que expresamos es el discurso estúpido y vacío de palabras mal sabidas, de los conceptos manipulados, incluso por nosotros mismos, de las ideas estereotipadas, convertidas en pringue ideológica que se recalienta en el rescoldo de nuestros miedos y de nuestros intereses?

Lo comparto; porque vivimos en una época donde la opinión sustituye a los hechos y ni siquiera la opinión es, para algunos,  reflejo de una libertad individual. Por la tendencia social a la clasificación.

Por eso, en ocasiones, la opinión ni siquiera refleja el propio pensamiento. Refleja un estereotipo que se prefiere asumir, para evitar la crítica.

La Escuela nos debe enseñar a aprender a pensar por nosotros mismos. A tener un pensamiento autónomo y crítico, que nos haga más libres.

La Educación encierra un tesoro, lo decía J. Delors en 1996, que señalaba entre los pilares de la educación ”el aprender a ser”. “Todos los seres humanos deben estar en condiciones, en particular gracias a la educación recibida en su juventud, de dotarse de un pensamiento autónomo y crítico y de elaborar un juicio propio, para determinar por sí mismos qué deben hacer en las diferentes circunstancias de la vida”

Mientras los sistemas educativos formales procuran dar prioridad a la adquisición de conocimientos, en detrimento de otras formas de aprendizaje, importa concebir la educación como un todo en un aprendizaje permanente para toda la vida, en el que habría que destacar, como prioridad, la capacidad de pensar y decidir sobre nuestro itinerario personal y profesional  a lo largo de las diferentes etapas de nuestra vida.

Porque la libertad de pensar, ha de apoyarse, inevitablemente, en la capacidad de saber hacerlo. Esta capacidad facilita el “conócete a ti mismo”, en un mundo donde la tecnología ya hace posible que antes te conozcan; por señalar los rasgos que definen nuestra personalidad, para identificarnos como sujetos susceptibles de propaganda y manipulación.

Quizás al leer esto, puedas pensar que el sistema educativo no debería detenerse en este ámbito personal, pues su objetivo es la instrucción en conocimientos. En mi opinión esa capacidad, la del pensamiento crítico, es una de las mejores instrucciones que podemos aportar a las nuevas generaciones, no sólo a nivel personal; porque si bien hasta hace poco los procesos selección se centraban fundamentalmente en los conocimientos adquiridos, hoy los informes más relevantes destacan que los profesionales más demandados por las empresas son los que poseen soft skills, habilidades que van más allá del conocimiento. Habilidades que no caducan.

Según el informe Tendencias en el entorno laboral 2020: las habilidades del futuro, de Udemy for Business, serían las más difíciles de aprender y las que, en este momento serían más demandadas por las empresas. Entre ellas, junto al pensamiento crítico, estarían: la mentalidad de desarrollo, la creatividad, la capacidad de concentración, innovación, dotes de comunicación, storytelling, concienciación de las diferentes culturas, liderazgo e inteligencia emocional.

El entorno de esta enseñanza estaría en el aprendizaje competencial. En concreto, el pensamiento crítico estaría a caballo entre las competencias sociales y cívicas y la del sentido de iniciativa y espíritu emprendedor, atendiendo a lo establecido en la Orden ECD/65/2015, de 21 de enero, por la que se describen las relaciones entre las competencias, los contenidos y los criterios de evaluación  de  la  educación  primaria, la  educación  secundaria obligatoria y el bachillerato.

Este modelo de aprendizaje competencial se centra en el desarrollo de las habilidades de pensamiento y en los procesos de razonamiento, con independencia de las asignaturas, ya que todas habrán de contribuir a la adquisición de esta competencia.

La clave del pensamiento crítico no está en tener la razón, sino en tener en cuenta todas las posibilidades y confiar en la razón más que en la emoción, para no permitir que nuestros prejuicios sesguen nuestras decisiones (Kurland 2005).

Se requiere una metodología activa y participa, donde el profesorado selecciona las preguntas, el alumno, percibe un ambiente de seguridad, participa activamente y  sus contribuciones sean valoradas. La formulación de las preguntas y el tipo de participación del alumnado en cualquier entorno del centro educativo, afectan a la autoestima del estudiante.  Favorecer la indagación, asignar a los alumnos trabajos basados en proyectos de investigación, escribir para realizar presentaciones ante el grupo clase, utilizar la lectura comprensiva junto a las tertulias dialógicas, pueden desarrollar, junto a otras técnicas, el pensamiento crítico.

Una buena selección de instrumentos variados de evaluación, servirán para valorar el objetivo propio de la asignatura y el aprendizaje de esta competencia.

Un nuevo reto para el 2020.

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