El PRESTIGIO SOCIAL DEL PROFESORADO: ¿PERCEPCIÓN O EVIDENCIA? - Juan Jose Arevalo Jimenez
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El PRESTIGIO SOCIAL DEL PROFESORADO: ¿PERCEPCIÓN O EVIDENCIA?

La LOE en su artículo 1 señala como un principio del sistema educativo español la consideración de la función docente como factor esencial de la calidad de la educación, el reconocimiento social del profesorado y el apoyo a su tarea.

En este sentido la OCDE afirma textualmente que “la mejora de la eficacia y equidad de la educación depende en gran medida de que se estimule a personas competentes para que deseen trabajar como docentes, de que su labor sea de alta calidad y todos los alumnos tengan acceso a una enseñanza de alta calidad”. Igualmente, cabe citar a la UNESCO, en la Conferencia Internacional de Educación (1996) y en su Global Education Digest (2011).

Hoy el profesor compite con otras fuentes de información y conocimiento. Hoy el profesor tiene un alumnado muy heterogéneo que hace más compleja su tarea. Hoy la exigencia al docente ha cambiado. Necesitamos un profesorado motivado y comprometido con su tarea para impulsar ese otro principio del sistema educativo (y esta estrategia docente) que es el esfuerzo individual del alumno en base a su motivación.

La percepción general es de cierto desánimo ante lo que sería una falta de reconocimiento social a la tarea del profesorado, que incluso ha propiciado una referencia legal para prestigiar la profesión. La Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006, en su Título III, Capítulo IV, de “Reconocimiento, apoyo y valoración del profesorado”, expresa la necesidad de estimular el reconocimiento social de la función docente.

La cuestión a plantear es si la falta de un suficiente reconocimiento social del profesorado se fundamenta en evidencias o es una percepción.

Cuando hablamos del reconocimiento docente conviene, distinguir entre:

• El prestigio individual que cada docente obtiene ante su entorno cercano. Es el prestigio que gana o pierde el docente con sus competencias y “auctoritas”, ante la comunidad educativa en su centro docente
• El prestigio que la sociedad reconoce a la posición social del docente, es decir, en lo fundamental, a su profesión. Sobre este tipo de prestigio nos vamos a centrar.

Sobre el reconocimiento social del profesorado entiendo que existen muchos tópicos, no avalados por evidencias. Partiendo siempre de la base de que el reconocimiento social debe ponerse en valor no fundamentándolo en casos aislados y siempre en relación con la medida que marca el reconocimiento a otras profesiones.

Los tópicos se fundamentarían, entre otras causas, en las siguientes:

1.-Los medios de comunicación de masas que tienden a resaltar los aspectos problemáticos de la docencia o las situaciones de conflicto en los centros escolares, lo que supone un reflejo negativo de la docencia, no extrapolable con carácter general.

2.- Los padres se inmiscuyen en la tarea del docente cada vez más. Es cierto que algunos padres se exceden en el ejercicio de la crítica y en su injerencia en la labor docente, pero no se puede contemplar como una causa general.
Observo varias causas, para tener esta percepción, y un remedio.

Atendiendo al informe “El prestigio de la profesión docente en España: Percepción y Realidad. Fundación Europea Sociedad y Educación”, en 1976 un 82% de la población española de 16 años o más no había pasado de la educación primaria. Hoy esa cifra está por debajo del 30%. Si antes una gran parte de la población consideraba a los profesores como más sabios y como capaces de transmitir ese conocimiento, hoy serán muchos más los que se consideren tan preparados como los maestros de primaria y profesores de Secundaria, o más preparados que ellos. Es un hecho, que tiene el valor de que debe tenerse en cuenta, cuando se compara la actuación de los padres y madres actualmente, con la que ejercían en tiempos pasados.

Pero esta “injerencia”, que bien gestionada es sana para el sistema, se produce, al elevarse el nivel cultural de la ciudadanía, en todos los servicios públicos y privados, provocando un nivel de exigencia mayor.

El prestigio en la sociedad del conocimiento descansa, en gran medida, en la capacidad de las distintas profesiones para resolver los asuntos y tareas que tienen confiados. El problema de la profesión docente es que no dispone de un sistema de técnicas perfectamente establecidas y compartidas por los profesionales que garanticen resultados ciertos. Esto provoca incertidumbres, que desgastan, a veces al profesorado y a las familias y que debieran asumirse cómo propias de la profesión docente.

Los padres como representantes de los titulares de un derecho fundamental, son críticos con los servicios públicos o servicios privados que prestan la educación. No es algo exclusivo dirigido hacia los docentes. También se dirige hacia el resto de empleados públicos y privados. Habiéndose abierto, además, canales, hace años desconocidos, para hacer reclamaciones, quejas, sugerencias o sobre la transparencia en el ejercicio de la actividad pública.

Es habitual vincular la cuestión del prestigio docente con la de la autoridad del profesor, con frecuencia para lamentar su pérdida. La falta de autoridad no sería un problema privativo de la escuela sino de todas las instituciones que tratan con jóvenes. Sin embargo, hoy los docentes cuentan con una autoridad (legal) pública, que incluso sobrepasa a la que ostentan los padres respecto de sus hijos y tienen más autonomía que nunca para diseñar, desarrollar y llevar a cabo su tarea educativa.

Teniendo en cuenta que el prestigio es tanto una causa como un efecto y porque depende de numerosas variables que escapan a nuestro control, es importante comprender estos procesos sociales para poder diseñar e implantar políticas que ayuden efectivamente a incrementar el prestigio y la calidad no solo de los docentes sino de todo el sistema educativo. El remedio, en mi opinión, sería el de ofrecer más información y formación al docente, en el ejercicio de su profesión, en cuanto a sus derechos y competencias. Esto supone empoderar al profesorado, reconociendo mejor su profesión y darle una preparación para combatir las conductas inapropiadas.

¿Qué evidencias tenemos del reconocimiento social de los docentes?

Eurydice, por ejemplo, en su Informe de 2004 “La profesión docente en Europa”, analiza la información aportada por 49 estudios sobre 18 países diferentes, acerca del perfil, las tendencias y los problemas de la profesión docente en Europa y concluye, en el tema que nos ocupa, que los docentes tienen una percepción errónea del prestigio social de su profesión. Creen verse afectados por una falta de reconocimiento social que no se hace patente en los estudios (Eurydice, 2005).

Abundando en los datos españoles, en 2005 una amplia mayoría del público (64%) respondía “bien” o “muy bien” a la pregunta “¿cómo valora usted la labor que desarrollan los profesores en los colegios?” (CIS, 2005). Según otra encuesta, de 2005, dirigida a padres de alumnos de Primaria, ESO y Bachillerato, hasta un 84% de los entrevistados está de acuerdo con la afirmación “Mi familia valora positivamente a los profesores” (Marchesi y Pérez).

El GFK Trust Index 2011 que recoge datos en 19 países, entre los que se encuentra España, indica que los profesores se encuentran en el tercer nivel, según el porcentaje de encuestados que confía en ellos, un 85%.

Y la última encuesta elaborada por el CIS (año 2103) sobre el prestigio ocupacional y estructura social, realza las 40 profesiones, en España, de un total de 285 ordenadas según el prestigio medio que les asignan los españoles. En esta valoración, el puesto nº15 lo ocuparían los catedráticos de Secundaria, el puesto 16 los maestros de Primaria, el puesto 19 los maestros de Educación Infantil, el puesto 21 los profesores de Educación secundaria y el puesto 22 los maestros de educación infantil. (* la referencia a catedráticos, maestros y profesores incluye a catedráticas, maestras y profesoras).

En definitiva, si bien es más fácil vender el desánimo, no parece que podamos hablar de evidencias objetivas de una falta de reconocimiento social de la tarea del profesorado.

2 Comentarios
  • Carlos Jariod Borrego
    Publicado a las 18:08h, 23 marzo Responder

    Me alegro de que uno de los primeros asuntos de los que reflexione este nuevo blog sea el de la presunta falta de reconocimiento social de la labor docente. Como muy bien indicas, no hay evidencias de que ese tópico sea verdadero. Por lo demás, un cliché muy ambiguo, pues no es lo mismo pertenecer al cuerpo de maestros que al cuerpo de profesores de música y artes escénicas, por ejemplo. Nos podríamos preguntar de dónde surge el tópico, pero me interesa destacar un aspecto que me parece aumenta el desánimo en algunos docentes.
    Me refiero.a la falta de estímulo profesional, refrendado administrativa y económicamente, a lo largo de la carrera docente. En efecto, el docente apenas tiene posibilidades profesionales para ascender en su trabajo y ocupar diferentes lugares y funciones dentro del mismo de un modo estable. No hay una carrera profesional docente como la hay en otros trabajos. El igualitarismo que, en mi opinión, ha hecho estragos en nuestro sistema educativo también lo hace en aquellos docentes que tienen la ambición y la profesionalidad de asumir nuevas retos laborales. Y quizá por esa razón la evaluación -aspecto que debería ser básico- no es más que una incomodidad que se despacha con rapidez.
    Es imprescindible un Estatuto del profesor que tenga en cuenta este aspecto. Pero ello supondría cambios legislativos y de mentalidad de cierta enjundia.

  • Tina Cervera
    Publicado a las 09:39h, 24 marzo Responder

    El prestigio social también depende de nosotros los maestros y profesores ya que hemos de dejar ver más nuestro trabajo, abrirnos más a la sociedad y a las redes sociales. Dejar de lado el corporativismo y premiar a los que cooperan, ayudan y comparten su trabajo, su preparación con los demás. Un buen ejemplo son blogs para que todos reflexionemos sobre nuestro trabajo. Gracias

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