Esfuerzo, motivación y mérito, bonitas palabras con altas tasas de abandono. - Juan Jose Arevalo Jimenez
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Esfuerzo, motivación y mérito, bonitas palabras con altas tasas de abandono.

Solo el esfuerzo continuado en el tiempo, puede hacer mejorar nuestras capacidades intelectuales y físicas.

El esfuerzo compartido es uno de los principios del sistema educativo español. Tal y como establece la exposición de motivos de la LOE, el principio del esfuerzo resulta indispensable para lograr una educación de calidad y debe aplicarse a todos los miembros de la comunidad educativa. Cada uno de ellos tendrá que realizar una contribución específica. Las familias habrán de colaborar estrechamente y deberán comprometerse con el trabajo cotidiano de sus hijos y con la vida de los centros docentes. Los centros y el profesorado deberán esforzarse por construir entornos de aprendizaje ricos, motivadores y exigentes. Las Administraciones educativas tendrán que facilitar a todos los componentes de la comunidad escolar el cumplimiento de sus funciones, proporcionándoles los recursos que necesitan y reclamándoles al mismo tiempo su compromiso y esfuerzo. La sociedad, en suma, habrá de apoyar al sistema educativo y crear un entorno favorable para la formación personal a lo largo de toda la vida. Solamente el compromiso y el esfuerzo compartido permitirán la consecución de objetivos tan ambiciosos.

La sociedad está de acuerdo en que el alumno y la alumna, deben esforzarse; pero no existe acuerdo en cómo conseguirlo. Incluso hay acusaciones sobre un sistema educativo que no promueve el esfuerzo de los alumnos. Para unos el esfuerzo se consigue con la puesta en marcha de exámenes y pruebas externas comunes a las que habrían de enfrentarse para reconocer socialmente los aprendizajes adquiridos. Para otros debiera primar la individualización de la valoración del rendimiento atendiendo a las capacidades y contexto del alumnado.

La LOE, modificada por la LOMCE, habla de esfuerzo individual y motivación de alumnado entre los principios del sistema educativo. Es decir, dentro del esfuerzo compartido, el alumnado debe prestar una responsabilidad individual (artículo 2d, de la LOE) e incondicional hacia el esfuerzo.

El esfuerzo del alumnado no es negociable, es una exigencia, además de ser positivo para su desarrollo integral; tampoco debe serlo el del resto de factores que comparten la responsabilidad en el éxito educativo. Porque si es cierto que el alumno debe esforzase, no lo es menos que todos no arrancan del mismo punto de partida. Su esfuerzo debe ser incondicional pero sus resultados están condicionados por sus circunstancias personales y sociales. Ahí es donde entra la equidad del sistema educativo y la eficacia de la escuela.

Pero ¿qué es el mérito en educación? Sería la acción o conducta de un alumno o una alumna, que le da valor o importancia y que supone el derecho a su reconocimiento.

Motivación, esfuerzo y reconocimiento del alumnado, sería una especie de círculo virtuoso que asentaría las bases para alcanzar por parte de los centros, las familias y el profesorado  el éxito educativo del alumnado. La dificultad, como todo en educación, es encontrar las claves para conseguir este objetivo.

Si reflexionamos en torno al proceso de enseñanza y aprendizaje, atendiendo al marco normativo y a las evidencias de buenas prácticas detectadas, podemos encajar algunas propuestas para alcanzar este propósito; que también se apoyan en algunas conclusiones de la neuroeducación, aplicadas al ámbito de la motivación y el aprendizaje.

Estas propuestas giran  en torno al papel del profesorado y de la inspección de educación, dos factores de calidad del sistema educativo. Las ideas pasan por un verdadero proyecto de centro, una metodología activa, una evaluación que recompensa al alumnado y una inspección que sirve de punto de ayuda y contraste en el ejercicio de la autonomía pedagógica y organizativa de los centros educativos.

 Pero eso lo dejo para otro día.

1 Comment
  • Tina Cervera
    Publicado a las 17:36h, 26 mayo Responder

    El esfuerzo no es igual para un alumno que está en el escalón 3 y llega al 7, que para un alumno que está en el 7 y llega al 9. Mientras el esfuerzo se mida con un mismo examen, no será justo. Hay que empezar por actividades diferentes para atender a todos los alumnos, por diferentes exámenes y por valorar el esfuerzo según el punto de partida. Todosxlos profesionales de la educación hemos de ser conscientes para que haya una equidad educativa.

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