Estancamiento y falta de recorrido en la nueva normalidad.
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La nueva normalidad será lo de siempre.

De la educación y de la formación se espera que resuelvan los problemas que surgen de las crisis del empleo, el drama de la exclusión social y de la marginación. Se concibe en las declaraciones públicas como la imprescindible palanca que ayudará a la sociedad a superar sus dificultades actuales y, al mismo tiempo, a responder a las incertidumbres del futuro. Sin embargo, hoy que se habla constantemente de cómo será la nueva normalidad, en una España que habrá de enfrentarse a una grave crisis provocada por la pandemia, parece que para la educación, será como siempre.

Ha empezado a funcionar una Comisión para la Reconstrucción, en una crisis que ha obligado a alterar el ejercicio del derecho fundamental a la educación. Esta Comisión parece haber decidido relegar a un segundo plano la reconstrucción y el futuro de la educación en España. Decisión que para distintas personalidades del mundo educativo, como la exministra de educación Mercedes Cabrera, ha sido objeto de una fuerte crítica (puedes pinchar aquí, para leer el artículo)

Hace 8 años, en una entrevista publicada en el diario “El País”, el filósofo Daniel Innerarity, señalaba sentirse indignado porque en aquella crisisel ladrillazo se vaya a pagar con la educación” y hacía, a mi modo de ver, una interesante reflexión sobre varios temas, entre los que incluía la valoración de la educación en España: “en el mundo de los medios, de la opinión pública, de las discusiones políticas hay una gran agitación con todos estos temas que o nos indignan o nos entusiasman o nos sirven para alimentar el antagonismo político, pero en el fondo hay un estancamiento, no cambia casi nada. Lo uno compensa lo otro”.

Por eso en ese nuevo tiempo que se avecina, de seguir la discordia,

El acuerdo del mayor número de agentes que participan en el sistema educativo es una garantía democrática de estabilidad, imprescindible para observar la transformación de la realidad educativa que exige, por su complejidad, del medio y largo plazo.

La falta de acuerdo supondrá la incapacidad de anticipar escenarios a un largo plazo, en los que todos los jóvenes deberían beneficiarse de una educación y una formación mejores con independencia de su origen socioeconómico, lo que debería conducir a que cuenten con más y mejores competencias.

Disponemos de una amplísima bibliografía de informes, estudios e indicadores, nacionales e internacionales, con referencias a buenas prácticas de calidad y equidad educativa; pero carecemos de una estrategia educativa consensuada, para afrontar las incertidumbres que a nuestro alumnado depara el futuro.

La nueva normalidad en educación no requiere de grandes vaticinios de los que pueden tomar las decisiones para otra generación de ciudadanos. Requiere de una respuesta participada por la comunidad educativa, sobre cómo queremos que sea la educación.

Porque el ejercicio efectivo del derecho a la educación, en tiempos de crisis, exige de una programación general de la enseñanza a largo plazo y de la participación efectiva de la comunidad educativa, en un marco fuerte de autonomía de centros educativos. Programación y participación son principios cooperantes y correlativos, que giran en torno a la equidad en la distribución del gasto (que le corresponde a los poderes públicos) y a la calidad de la prestación del servicio público (que le corresponde evaluar a la comunidad educativa).

A falta de una estrategia educativa común en España, una referencia de futuro es la decisión de la Unión Europea, una vez que va a finalizar la Estrategia para la Educación y Formación 2020, de creación de un Espacio Europeo de Educación para 2025, que incluirá el reconocimiento mutuo automático de los títulos obtenidos y los periodos de estudio realizados en el extranjero, las competencias clave, las capacidades digitales, los valores comunes y la educación inclusiva, la alta calidad en la educación infantil y la atención a la primera infancia, y una enseñanza y aprendizaje de idiomas mejorados.

Aquí seguiremos esperando, porque no parece prioritario.

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