PISA y la evaluación para la mejora. - Juan Jose Arevalo Jimenez
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PISA y la evaluación para la mejora.

El informe Pisa tiene el valor de ser una evaluación externa y pública que impulsa un debate sobre la educación en un país en el que esta cuestión empieza a colarse entre las diez primeras preocupaciones de la ciudadanía (atendiendo al barómetro del CIS, de octubre y noviembre de 2019).

Nos aporta una valiosa información que merece reflexiones desde distintos ámbitos; destacando, para mí, la distinta respuesta que ofrece nuestro sistema educativo descentralizado ante un mismo modelo de prueba. Es decir, se traduce una grave desigualdad entre comunidades autónomas a la vista de los resultados obtenidos.  Así en ciencias, un alumno gallego (con 519 puntos de media) está al mismo nivel que un estudiante de Canadá o Taiwán; mientras que un ceutí (con 415, 95 puntos menos) se mide con escolares de Costa Rica o Albania. En PISA, 30 puntos equivalen a un curso académico (fuente “El Pais”).

 La contribución del informe PISA sería muy relevante si, más allá de los comentarios sobre el “medallero”, sirviera de punto de ayuda y contraste para orientar la política educativa e introducir mejoras dirigidas a aquellos aspectos que las demandan. Por ejemplo, España es el cuarto país de la OCDE con la tasa más alta de repeticiones, un 28,7% frente al 11,4% de media, algo que nos recuerda PISA en cada edición, y que se ceba principalmente con las clases desfavorecidas, aquellas que tienen un ISEC (índice social económico y cultural) más bajo.

Podemos alegar muchas razones para explicar el empeoramiento general de los datos de España, en este último informe PISA. Se habla de la falta de un pacto educativo, de los recortes en educación, del currículo sobrecargado, de las elevadas ratios, de la carga lectiva del profesorado, etc. Sin duda algo habrá dentro del todo que explica este retroceso; aunque estos datos revelan contradicciones si se analizan en el sistema educativo español, que ofrece unos resultados tan dispares por comunidades, y si se tienen en cuenta los indicadores de otros países que obtienen mejores resultados en PISA.

Ismael Sanz (Ex director del Instituto Nacional de Evaluación Educativa y Chair de PISA Stretegic Development Group) hace unas interesantes reflexiones en “La Razón” sobre el éxito de Estonia, país revelación en esta edición de PISA. Con un gasto público en educación inferior a la media de la OCDE (datos de 2015: 4,7%, por debajo del promedio de la OCDE del 5%.), ha potenciado la autonomía de los centros educativos, el reconocimiento social y profesional del profesorado y ha desarrollado un sistema de evaluación enfocada a la mejora educativa.

Me quiero detener en esto último: la evaluación enfocada a la mejora, como un factor de calidad de los sistemas educativos que triunfan en esta prueba y en el que coinciden todos los países que obtienen buenos resultados en PISA (conclusión del estudio de McKinsey “How the  world’s best performing schools systems come out on top”).

Creo que en éste ámbito, el de la evaluación formativa, existe un potencial de mejora muy importante en España, con estas altísimas tasas de repetición que se demuestran ineficaces, tal y como revela PISA.

Porque la evaluación no es calificación. La evaluación es un proceso determinante en el progreso del alumnado. Un proceso de recogida de información, fiable y válida que nos describe la realidad (diagnóstico) de ese alumnado con dificultades de aprendizaje  y posibilita un juicio de valor del profesor que interviene para modificar las circunstancias que suponen una barrera, para los alumnos y las alumnas.

(si bien es cierto que, en mi opinión, la excesiva carga de los estándares de aprendizaje, que introduce la LOMCE, ha desviado el objetivo de la evaluación). Son innovaciones que requiere un aprendizaje basado en competencias, que es lo que valora PISA y lo que ha vino en 2006, para quedarse.

Es la evaluación (o la falta de evaluación, según se mire) la que se está llevando por delante a muchos alumnos de clases desfavorecidas.  Porque el alumno más desfavorecido tiene una probabilidad de repetir curso cuatro veces más alta, explica Álvaro Ferrer, coautor de un análisis que la ONG Save the Children ha realizado a partir de los resultados de PISA 2018 y que publica “El País”.

Que en las evaluaciones internas de los centros educativos se señale, con un carácter bastante generalizado que el responsable del fracaso escolar es el alumno, tiene una parte de razón, en el diagnóstico. En primer lugar, porque hay que educar a las jóvenes generaciones en la responsabilidad. El alumnado tiene que estudiar y esforzarse, seguir las indicaciones del profesorado, asistir a clase…en definitiva cumplir con sus obligaciones.

Señalar, también, en este diagnóstico, a aquellas familias que no proporcionan a sus hijos, en la medida de sus disponibilidades, los recursos y las condiciones necesarias para el progreso escolar y no les ofrecen estímulos para que lleven a cabo las actividades de estudio que se les encomienden, forma parte del juego de responsabilidades de los miembros de la comunidad educativa.

Pero el éxito escolar es un esfuerzo compartido, en el que el profesorado y la Administración, han de encontrar en los resultados de la evaluación formativa e informadora el valor añadido para solventar estas dificultades de motivación y de aprendizaje del alumnado.

Pienso que el análisis de los problemas en la educación se enfoca, principalmente, en los problemas de la enseñanza, cuando el objetivo debiera ser atender a las dificultades de aprendizaje, que es el objetivo de la prestación del servicio público.

El profesorado enseña, evalúa al alumnado, su práctica docente y califica. Los instrumentos de evaluación son la fuente de información de los aprendizajes adquiridos y de éstos deriva la calificación de los criterios de evaluación del currículo.

El objetivo del proceso suele ser enseñar. La queja es la falta de tiempo, medios y recursos, para enseñar todos los contenidos del currículo. Pero ¿pensamos si falta tiempo para aprender?, ¿pensamos si se nos comprende?, ¿valoramos los resultados obtenidos, para seguir haciendo lo mismo, o para cambiar de estrategia?, ¿valoramos si el instrumento de evaluación es el que requiere ese alumno con dificultades?, ¿ofrecemos instrumentos variados de evaluación para que el alumnado pueda motivarse en el proceso y demostrar su talento?……

El objetivo, en la escuela, debe ser el aprendizaje, porque hoy se puede enseñar desde distintas fuentes, pero nadie ni nada habría de sustituir al docente en el rol de ser el verdadero guía del aprendizaje. Ser quien focaliza, de manera inmediata, la intervención educativa en aquellos aspectos del proceso de aprendizaje que pueden comprometer el desarrollo personal y escolar del alumnado. En este sentido los avances científicos nos permiten saber cómo aprendemos las personas, y ponen en evidencia cuáles son los métodos que favorecen el aprendizaje significativo. De una manera clara, la neurociencia y la psicología han aportado evidencias y modelos que permiten orientar y revisar las políticas, culturas y prácticas educativas que no pueden ayudar a redireccionar el proceso.

Todas las razones que podamos alegar pueden justificar una parte del fracaso educativo. Pero el trabajo de los cuerpos docentes (profesorado, inspección de educación..) no puede detenerse en las justificaciones, sino en  ocupar en el sistema educativo el papel de seguir avanzando desde un correcto diagnóstico, en la planificación del proceso de enseñanza y aprendizaje, la estrategia, la evaluación formativa y formadora y el trabajo en equipo, el apoyo al profesorado y a su desarrollo profesional, para mejorar los resultados de los estudiantes, que son los titulares del derecho a la educación.

Para conseguir ésto hace falta un gran pacto educativo en los centros, que tienen capacidad de decisión en el ámbito de la metodología (artículo 6.2 de la LOE) y de la evaluación y calificación, a través de la aprobación, de la concreción curricular en el Proyecto educativo (artículo 121 de la LOE). Porque como afirma uno de los grandes expertos del movimiento de Mejora de la Escuela, Michael Fullan, el cambio escolar depende de lo que los profesores hagan y piensen; es tan sencillo y tan complejo como eso. Y eso no lo va a cambiar una Ley; porque la educación es una permanente tarea inacabada que supone adaptar, por los profesionales de la educación, las respuestas a las necesidades de nuestro alumnado.

3 Comentarios
  • Oscar Siles Hernandez
    Publicado a las 11:13h, 07 diciembre Responder

    Totalmente de acuerdo, Enhorabuena

    • juanjo
      Publicado a las 18:00h, 03 abril Responder

      Gracias, por seguir al BLOG.

  • Pedro Carlos Almodóvar
    Publicado a las 20:01h, 15 diciembre Responder

    “Entre todos la mataron y ella sola se murió”, “Sálvese quien pueda”, “La culpa fue del chachachá”, y así, podríamos ir mentando un sinfín de chascarrillos del interminable catálogo de éstos, que se podrían aplicar a la cuestión de la mala salud de nuestro sistema educativo.
    Con respecto a mi aportación sobre pequeños cambios, y no por ello fáciles de conseguir, que pueden conllevar mejora en los resultados y la calidad de la enseñanza, voy a ser breve y, por ello, centraré mi aportación en lo concerniente a la actividad docente y sus ejecutores.
     Un Servicio de Inspección que, además de supervisar las innumerables cuestiones relacionadas con el funcionamiento de los Centros, priorice su papel de estimulador, aliado y asesor en las iniciativas vinculadas a la transformación educativa en pos de la mejora, cualquiera que sea el ámbito de la comunidad educativa del que surjan.
     Equipos directivos que ejerzan un liderazgo positivo y solidario, no autoritario y dictatorial, en el que su propio compromiso con la calidad de la enseñanza, se sitúe por encima de prebendas pecuniarias y emocionales y de la autocomplacencia que conlleva la situación en puestos de poder.
     Documentos Programáticos comprometidos y comprometedores, por encima de refritos, sofritos y “cortapegaycolorea”.
     Declaraciones de paz entre los diferentes departamentos didácticos y los miembros de los Claustros, en general, por las cuestiones relacionadas con oferta de optativas, horarios, y otras designaciones que conllevan reducción horaria, y que constituyen un magma purulento que recorre todos los canales de salud de cada Centro y que va royendo, carcomiendo todas las fortalezas necesarias para afrontar la difícil tarea de la docencia con una mirada y una actitud positiva y entusiasta.
     Desterrar definitivamente la “Salsa Rosa”, el cotilleo sobre el alumnado y sus familias, que constituye uno de los grandes “pecados mortales” de las sesiones de evaluación. Superar la tarea de cantar notas para resituarse en escenarios de intercambio de información más productivos, en la línea que contempla y refiere este documento publicado en el blog.
    En relación a este asunto y a otros de extraordinaria influencia en la “Mejora”, me permito recomendar una obra de gran calado y actualidad, aún a pesar de llevar publicada dos décadas: “Calidad de la enseñanza en tiempos de cambio” de Álvaro Marchesi y Elena Martín.
    Y como despedida, en sintonía con el comienzo de este comentario, quería dejar otro chascarrillo de profusa aplicación: “De Educación y Medicina, todo el mundo opina”.

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