Por el cambio. Perdón, la innovación. - Juan Jose Arevalo Jimenez
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Por el cambio. Perdón, la innovación.

La capacidad de innovación está estrechamente vinculada a la creatividad y al trabajo en equipo. Atributos personales basados en aptitudes y valores culturales e interpersonales; que para que puedan aprovecharse al máximo, deben ser aceptados por el colectivo.

Los centros educativos tienen un gran potencial para desarrollar lo que el Consejo Europeo, ha denominado «triángulo del conocimiento», que incluye la educación, la investigación y la innovación. Legalmente el profesorado tiene la competencia de la investigación, la experimentación y la renovación educativa, bajo el principio de colaboración y trabajo en equipo.

Junto a las funciones de enseñar y evaluar, en mi opinión, investigar, experimentar y transformar una realidad, son elementos creativos y motivantes que confieren a la profesión docente un matiz apasionante. Porque hay pocas cosas tan motivadoras como investigar, experimentar e innovar para transformar, a mejor, la vida de las personas. No sólo la del alumnado y sus familias, sino también la del profesorado que participa en estas acciones. Porque la motivación es acción ilusionante.

Las medidas que se adopten para mejorar la calidad de la educación ofrecida en nuestros centros y aulas deberán estar precedidas por procesos de evaluación interna que orienten los necesarios procesos de investigación y experimentación previos que permitan garantizar la viabilidad y pertinencia de la mejora planteada.

La LOE (artículo 2.2) señala que los poderes públicos prestarán una atención prioritaria, entre otros factores que favorecen la calidad de la enseñanza, a la investigación, innovación y experimentación educativa. Pero conseguirlo, no es fácil. Pues estos procesos requieren un liderazgo y siendo necesarios, no siempre son solicitados por el colectivo docente. Por lo que de ser impuestos, por la Administración, sin contar con una demanda previa, adolecen de un “pecado original” para la innovación y la mejora: ni los centros ni el profesorado han solicitado su presencia. Convirtiéndose en iniciativas de baja credibilidad que en ocasiones se identifican con un simple cambio en la política educativa y no con la innovación y la mejora.

He separado intencionadamente el cambio, con la innovación y la mejora. El cambio no modifica sustancialmente la práctica profesional, esto es, el cambio se da dentro de los límites admisibles por la legislación pero puede no traer la mejora. A título de ejemplo: la incorporación de las TIC, sin más, no supone una mejora. Innovar es otra cosa.

Con la innovación se habla de conseguir un nivel más alto, con respecto a ciertos objetivos (convivencia, atención a la diversidad, resultados académicos…). En la innovación educativa, resulta fundamental la evaluación y sólo puede valorarse en relación con las metas y objetivos de un determinado sistema educativo o centro escolar. Y la innovación, en educación, es rebeldía ante ciertos problemas y paradigmas establecidos. La innovación es conquista.

Para conseguirla, mejor trabajar en modelos colaborativos que fomenten la responsabilidad de los participantes, el trabajo conjunto, la capacitación del centro y profesionales para la mejora, la autoevaluación, la atención a la diversidad de centros y profesorado, el “trabajar con”, en lugar de “intervenir en”; en definitiva, un planteamiento que busca, “crear competencias en lugar de generar dependencias” (Moreno Olmedilla, 1999).

La UNESCO analiza cuáles deben ser las características de las buenas prácticas, y  destaca cuatro rasgos fundamentales: deben ser innovadoras, efectivas (con impacto positivo y tangible sobre la mejora), sostenibles (ya que pueden mantenerse en el tiempo y producir efectos duraderos) y replicables (al servir como modelo para desarrollar iniciativas y actuaciones en otros espacios). Es importante destacar la importancia en todos estos rasgos del principio de trabajo en equipo. Reconociendo el mérito de las acciones individuales, no del equipo, éstas son insuficientes, en mi opinión, para aportar por si solas el efecto de valor añadido en un sistema.

La innovación, la mejora, el éxito, no debe ser exclusivo para un grupo de alumnos en un centro educativo. Como señala la Junta de Andalucía al evaluar prácticas innovadoras “es necesario que el liderazgo sea lo más horizontal y compartido posible para que los programas puedan desarrollarse con independencia de la movilidad o no movilidad de la plantilla. En algunos centros, el liderazgo para el desarrollo de los programas es unipersonal, bien por tratarse de un docente excepcional y entusiasta que se preocupa por la innovación metodológica y no puede contagiar al resto del claustro, o por falta de apoyo del equipo directivo en algunos casos”. Volvemos a ver la importancia y necesidad de colaborar y trabajar en equipo y, como en el deporte, necesitamos líderes en los centros.

Ese liderazgo se ejercerá en un primer momento por el director o la directora del centro educativo, que tiene asignadas las competencias de ejercer la dirección pedagógica, promover la innovación educativa e impulsar planes para la consecución de los objetivos del proyecto educativo del centro e impulsar las evaluaciones internas del centro y colaborar en las evaluaciones externas y en la evaluación del profesorado (artículo 132 de la LOE).

Para cumplir con este objetivo, el director o la directora del centro educativo debe ejercer la autoridad en tres planos: la de la posición que le confiere la norma, la autoridad personal capaz de arrastrar a los demás en torno a unas ideas a través del conocimiento, o, también, por obrar de forma ejemplar ante el profesorado, las familias y el alumnado, y la autoridad del experto, aquél a quien se sigue porque ven en ellos a personas solventes ya que demuestran poseer recursos a la hora de proporcionar u obtener las informaciones, sugerir las ideas y soluciones que se necesitan o también porque observan conocimiento, rigor y acierto en sus prácticas profesionales.

 A su vez puede ser necesario el apoyo externo, que sirva de punto de ayuda y de contraste. Una profesora amante de la innovación me dijo, una vez, que era transgresora con la norma, buscando el beneficio del alumnado en cuanto a su evaluación y calificación. Le dije, volviendo al principio de este texto, que la innovación nunca es transgresora con la norma, porque es lo que te pide la norma que hagas y te da un marco muy amplio para hacerlo. Es un tema de voluntad y de medios, no de limitaciones normativas.

Así que, como escuché  decir a Ken Robinson: tú que eres parte del sistema educativo tienes, junto a tus compañeros y compañeras, la capacidad de mejorar tu centro, tu aula e influir mejor en la vida de la comunidad educativa. Así que, siendo una competencia propia, cuanto antes se empiece mejor para  tod@s.

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1 Comment
  • Jesús Pedrós
    Publicado a las 14:41h, 27 abril Responder

    Como nos tiene acostumbrados, un artículo muy bueno y muy bien fundamentado,
    ahora bien, la atención prioritaria que señala el artículo 2.2 de la LOE, que deben prestar los poderes públicos a la investigación y experimentación educativa, ¿En qué se substancia? ¿Algo más, a parte de retórica?
    Algo tan básico como tener acceso a las publicaciones científicas sobre didáctica y pedagogía, y a las bases de datos que indexan esas publicaciones, no es posible para el profesorado, a no ser que uno tenga de una u otra manera vínculos con una universidad.
    ¿Cómo se puede pretender realizar una investigación sin consultar previamente qué se ha hecho antes, relacionado con el tema que nos interesa, en otros centros educativos del mundo?
    Por no hablar de que, superado el tema del acceso a la bibliografía necesaria, la investigación se tiene que llevar a cabo con una dedicación horaria fuera de nuestra jornada laboral de 37,5 horas lectivas, que de ordinario se superan simplemente con la preparación de las clases y corrección de ejercicios.
    Supongamos aun así que un docente tiene acceso a las fuentes bibliográficas necesarias, y no le importa dedicar horas a la investigación, fuera de su jornada laboral. Incluso, no pregunten como, supongamos que consigue escribir y publicar sus resultados: el valor que las administraciones educativas dan a esas publicaciones, es poco más que testimonial. En los diferentes procesos en que se puede reconocer una publicación, lo habitual es que un curso de formación de 30 horas tenga un mayor peso específico.

    Como en otras ocasiones en materia educativa, el legislador parece creer que con escribir bonitas afirmaciones se crean las condiciones adecuadas para que los y las docentes las puedan llevar a cabo.

    Cordialmente,
    Jesús Pedrós

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