Desarrollar la competencia digital para vivir en la nueva normalidad.
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Humanizar la tecnología para abrirse a la nueva normalidad

La vacuna anticipa una luz para salir del túnel en el que nos encontramos, pero la catástrofe económica y humana que dejará la pandemia de la COVID-19 es muy probable que nos lleve a un nuevo tiempo; con un impacto impredecible en la vida personal, económica y social de la ciudadanía.

La naturaleza se transforma, cambia a lo largo de la historia y afecta a nuestro modo de vida.

El confinamiento a nivel global, como consecuencia de la crisis del coronavirus ha tenido un impacto en el medio ambiente. Según un estudio publicado por la revista Nature Climate Change, las emisiones diarias de CO2 se han reducido un 17 % a nivel mundial.  La NASA, por su parte, ha mostrado unas sorprendentes imágenes que reflejan un llamativo descenso de las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2) —cuya principal fuente son los automóviles— en comparación a la época previa al confinamiento.

Este confinamiento, al que se ve sometido la población, ha revitalizado el mundo digital. Llamado a ser un nuevo hábitat para la sociedad moderna que, en este presente, se ha convertido en imprescindible para sobrevivir. En este nuevo entorno, niños, jóvenes y adultos viven cada vez más. En él aprenden, se relacionan, consumen, trabajan y disfrutan de su tiempo libre.

Ahora las personas podemos repartir el tiempo de nuestra vida interactuando en tres mundos: el mundo presencial, en el que, hoy, nos vemos obligados a mantener distancia entre las cosas y las personas; el mundo intrapersonal de la imaginación que es una capacidad innata del ser humano; y el virtual o digital, inexistente en tiempos pretéritos, sin distancias, pero  cada vez más real porque es un mundo en el que es posible realizar acciones, tomar decisiones y cooperar.

Platón tenía razón: la necesidad es de hecho la madre de la invención. Durante la crisis de COVID-19, un área que ha experimentado un gran crecimiento es la digitalización de nuestras vidas (telemedicina, educación a distancia, teletrabajo, comercio electrónico, etc) y se anticipa la implantación definitiva de la cuarta revolución industrial.

En ese nuevo escenario, no habrá vuelta atrás para los sistemas educativos que preparen a las nuevas generaciones para el futuro. Un futuro de cambio frente al presente, en el que vamos a asistir a la gran aceleración en el uso de la tecnología, la digitalización y las nuevas formas de trabajo. Y fuera de ella emergerán un nuevo riesgo de exclusión social, la conocida brecha digital, que impedirá que muchos ciudadanos alcancen el pleno desarrollo de sus capacidades y su potencialidad, quedando al margen de una participación plena en la vida social, económica y cultural del país.

La nueva Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE) destaca, en su preámbulo, la importancia de la competencia digital para reforzar la equidad y la capacidad inclusiva del sistema, cuyo principal eje vertebrador es la educación comprensiva. Enlaza, esta idea, con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), de la Agenda 2030, de la UNESCO, que con el impulso de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) está dirigiendo la campaña «Aptitudes digitales para el empleo digno«, cuyo objetivo es dotar a millones de jóvenes, hombres y mujeres, de competencias digitales para el empleo antes de 2030, siendo ésta la primera iniciativa global en todo el sistema de las Naciones Unidas destinada a fomentar el empleo juvenil en todo el mundo.

En estas nuevas circunstancias, se hace necesario conceder importancia a varios enfoques educativos que resultan claves para adaptar el sistema a lo que de él exigen los tiempos a los que nos enfrentamos.

El desarrollo de la competencia digital no supone, solamente, trabajar con diferentes dispositivos y aplicaciones (Tecnologías de la Información y Comunicación). Exige innovar para alcanzar una meta acorde con ese nuevo contexto que se observa al final de este túnel, en el que nos vemos inmersos.

La competencia digital implica el uso creativo, crítico, seguro y ético de las tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar los objetivos relacionados con el aprendizaje, el trabajo, la empleabilidad, el uso del tiempo libre, la inclusión y la participación en la sociedad.

Esta competencia supone, además de la adecuación a los cambios que introducen las nuevas tecnologías en la alfabetización, la lectura y la escritura, un conjunto nuevo de conocimientos, habilidades y actitudes necesarias hoy en día para ser competente en un entorno digital.

¿Qué cambios habrían de afrontarse en ese nuevo Proyecto Educativo?. Hablamos de estrategia digital AQUÍ, en el blog inspecciondeeducacion.com. Una reflexión sobre procesos, metodología, evaluación y el papel de la inspección de educación.

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