Hacer realidad un contrato social que vincule educación y empleabilidad
16821
post-template-default,single,single-post,postid-16821,single-format-standard,et_monarch,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive

Hacia un contrato social en favor de los jóvenes.

España no es un país que ofrezca, hoy, un futuro prometedor para los jóvenes.

Según los datos de septiembre de 2020 confirmados por Eurostat, casi el 41% de los jóvenes españoles están desempleados; cifra que duplica la media europea del 17,1% y por encima de cualquier otro país de la Unión Europea. A esta cifra podríamos añadir que el abandono escolar temprano español, el de las personas de 18 a 24 años que han dejado los estudios sin llegar a completar la segunda etapa de la educación secundaria, sigue siendo el más alto de toda la Unión Europea: un 17,3 % en 2019, siete puntos por encima de la media comunitaria (10,3 %).

En el desempleo juvenil influyen varios factores, pero es innegable que la educación es un elemento determinante. Por dos motivos, la tasa de paro de los jóvenes es inversamente proporcional al nivel de formación alcanzado por cada uno de ellos y, en mi opinión, por la obsolescencia del sistema educativo actual para hacer frente a un nuevo modelo productivo en una sociedad globalizada.

Un dato más amenaza el futuro de nuestros jóvenes. Serán ellos los que habrán de pagar la (inevitable) altísima deuda pública que habrá de contraerse para hacer frente a esta grave crisis económica provocada por la COVID-19; máxime cuando se aproxima la jubilación del grupo de edad más numeroso en nuestro país, los nacidos entre el año 1960-1975 (la generación del baby boom). Puedes leer un artículo muy interesante sobre el coste de la deuda y su impacto en la actual generación AQUÍ.

La reducción del número de trabajadores potenciales debido al cambio demográfico, el impacto de la tecnología y la automación de muchos de los puestos de trabajo, la relación de dependencia de una economía globalizada; resalta la importancia del crecimiento de la productividad laboral, como garantía de empleabilidad. Y la calidad de la educación de los empleados será un factor determinante en el aumento de la productividad.

La Ley Orgánica de Educación (2/2006 de 3 de mayo) arranca señalando que “las sociedades actuales conceden gran importancia a la educación que reciben sus jóvenes, en la convicción de que de ella dependen tanto el bienestar individual como el colectivo”. Hoy los mayores, deciden el futuro de los jóvenes en base a la definición de los planes de estudio que habrán de garantizar, en el futuro, unas condiciones de vida digna y de trabajo.

Este pasado domingo, día 6-12-2020, se celebró el 42º aniversario de la Constitución Española, que incluye el único pacto relevante en materia educativa en todo este periodo de tiempo y que se concretó en la redacción del artículo 27 de este texto legal. “Un marco de compromiso y concordia” en palabras del legislador que en el año 1985 aprobó la Ley Orgánica del Derecho a la Educación.

La Constitución Española fue, en su momento, un ejemplo de deliberación pública en aras a un futuro mejor para las generaciones venideras.

Para la educación fue el comienzo y, desgraciadamente, el final del compromiso. Después han venido nueve leyes orgánicas que regulan la educación española en un permanente ambiente de inestabilidad y ajenas, en gran parte, a las evidencias científicas que avalan mejores resultados en el ámbito educativo y laboral, en los países de nuestro entorno europeo.

Si una “buena educación es la mayor riqueza y el principal recurso de un país y de sus ciudadanos” (preámbulo de la LOE), hoy sería objeto de debate una estrategia de mejora de las competencias clave y transversales. Pues un déficit en su aprendizaje “son un grave obstáculo para la empleabilidad” tal y como destaca permanentemente la Unión Europea. Si la educación fuera un elemento estratégico de primer orden en el futuro de nuestro país, estaríamos debatiendo de evaluación, metodología, recursos materiales, reducción de ratios, formación del profesorado, carrera profesional, autonomía de centros, etc; adaptando su regulación para afrontar un futuro incierto, para nuestros jóvenes.

Recordando a QUINO: ¿Y si en vez de planear tanto, voláramos un poco más alto?

Sin comentarios.

Enviar un comentario.

Pin It on Pinterest

Shares
Share This

. Si continuas navegando por este sitio estás aceptando nuestras cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar