Temario del año 1993 y retos del futuro. - Juan Jose Arevalo Jimenez
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Temario del año 1993 y retos del futuro.

En el debate del estado de la nación, entre el 12 y el 14 de julio de 2022, se hizo referencia al sistema educativo para anunciar la aprobación del “programa Código Escuela 4.0 para que los casi 6 millones de alumnos y alumnas de Educación Infantil, Primaria y ESO en España, puedan desarrollar su competencia digital y en concreto en pensamiento computacional, la programación y la robótica”. “Se habla mucho de aprender nuevos idiomas, pero se nos olvida el más importante de todos, el idioma del presente y del futuro, que es la programación y la robótica”.

Debatir sobre el estado del sistema educativo, sería evaluar la situación en la que se encuentra; sin embargo en nuestro país debatir sobre educación suele traducirse en introducir cambios a modo de novedades; o al menos, anunciarlos. A veces, incluso, se anuncian cambios que ya estaban descontados, como en este caso. Porque justo hace un año se produjo el Acuerdo de 21 de julio de 2021, de la Conferencia Sectorial de Educación, por el que se aprobó la propuesta de distribución territorial y los criterios de reparto de los créditos gestionados por Comunidades Autónomas destinados al Programa para la digitalización del sistema educativo,  en el marco del componente 19 «Plan nacional de capacidades digitales» del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR).

Mientras que se producía este anuncio miles de aspirantes al Cuerpo de Maestros de Educación Infantil y Primaria, se presentaban, en este mes de julio de 2022, a sus procesos de selección debiendo estudiar temarios publicados en el año 1993 para las especialidades de Educación Infantil, Educación Física, Música, Idioma Extranjero, Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje y del año 2007, para la especialidad de Primaria.

Las personas que han preparado, con un duro esfuerzo, estas oposiciones han estado inmersas en numerosas dudas legales, metodológicas, referentes a la evaluación, para adaptar estos obsoletos temarios al marco normativo actual: ¿Cómo aplicar los estándares de aprendizaje, al ser orientativos este curso?, ¿Sigue en vigor la Orden 65/2015 por la que se describen las relaciones entre las competencias, los contenidos y los criterios de evaluación?.. Dudas, entre otras, que, pienso, alcanzan a los propios Tribunales que han juzgado los conocimientos y las aptitudes pedagógicas de los/as aspirantes. Porque un sistema educativo inestable solo produce inseguridad, a quienes participan o quieren acceder al mismo.

A lo largo de todos estos años el legislador ha ido anunciando la “revisión del sistema de acceso a la función docente, que permita atraer a la docencia a los mejores profesionales, primando el mérito y la capacidad” ( a título de ejemplo en el año 2012) y ha ido “olvidando”, sistemáticamente, al principal factor de calidad del sistema educativo, que es el profesorado.

La nueva Ley de Educación (LOMLOE) entró en vigor el 19 de enero de 2021 y en una disposición adicional decía que “a fin de que el sistema educativo pueda afrontar en mejores condiciones los nuevos retos demandados por la sociedad e impulsar el desarrollo de la profesión docente, el Gobierno, consultadas las comunidades autónomas y los representantes del profesorado, presentará, en el plazo de un año a partir de la entrada en vigor de esta Ley, una propuesta normativa que regule, entre otros aspectos, la formación inicial y permanente, el acceso y el desarrollo profesional docente”.

Cumplido ese plazo no existe, a  fecha de hoy, ninguna propuesta normativa que de respuesta al mandato legal anterior, sólo un documento para el debate elaborado por el Ministerio de Educación y Formación Profesional.

Todo cambio es una novedad, pero no supone una mejora. Hemos de recordar que cualquier innovación, en el sistema educativo, es función del profesorado, que suele ser objeto de anuncios recurrentes en cuanto a su formación inicial y permanente, que acaban en un cajón.

Vivimos con la retórica del cambio permanente del sistema educativo, afrontando con recetas del pasado los retos del futuro. Lo hacemos porque nos falta el idioma del presente, en las sociedades avanzadas, y la competencia más importante del futuro, saber pactar entre quienes piensan diferente, para que gane la ciudadanía.

Y siempre anunciamos cambios más encaminados a generar debates, que como una respuesta a un diagnóstico del sistema educativo.

 

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