Mejor no me leas; estoy confundido.
16733
post-template-default,single,single-post,postid-16733,single-format-standard,et_monarch,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive

Mejor no me leas, estoy confundido.

Llevo días escribiendo reflexiones en torno a cómo será el curso 20-21. Escribo y no lo hago público; lo guardo. El motivo es el desconcierto que me produce contraponer el marco normativo y la realidad.

Hoy, sí; voy a publicar. Había pensado en un título que refleje, mi opinión, sobre algunos de los planes de contingencia, que he leído, para hacer frente el próximo curso a la amenaza del Covid-19. Creo que, algunos de ellos, no afrontan un cambio histórico de la realidad educativa.

El título podría ser “Los poderes públicos ante el poder de un cambio de paradigma”. A partir de este título, escribiría algo así:

“Los poderes públicos se enfrentan a una complicadísima realidad sin precedentes en la educación y en diferentes ámbitos de su responsabilidad, con la persistencia del Covid-19, el próximo curso 2020-21; porque el paradigma en el que se ha sustentado la educación, desde la construcción de los sistemas educativos contemporáneos, se ha desmoronado.

El proceso de enseñanza y aprendizaje se fundamenta en la interacción entre el profesor y los alumnos, teniendo como objetivo final que éstos últimos aprendan en un proceso de orden social, cultural e interpersonal mediante el que los individuos consiguen el pleno desarrollo de su personalidad y de sus capacidades. Por eso, la educación es algo más que instrucción, exige convivencia y presencialidad, porque tiene entre sus fines preparar al alumnado para ser y vivir en sociedad. Ante esta realidad, hoy, la medida más eficaz para salvar vidas es el distanciamiento social, la restricción de la movilidad y la reducción de los contactos. Parece incompatible, con la vida ordinaria en los centros educativos.

Estamos ante eso que llaman un cambio de paradigma que, como todos los cambios, depende de nuestra manera de ver esa transformación, para todos indeseable, y que va a condicionar nuestras actitudes y conductas en la respuesta que tendremos que dar el próximo curso; una vez que finalice esta tregua del verano.

No es posible, en España, analizar un plan de contingencia común ante los diferentes escenarios que se presumen para el próximo curso, debido a que prima la descentralización de la respuesta. Hay que recordar que no ha existido un consenso en el proceso de desescalada de la crisis educativa, ni en las decisiones de evaluación y calificación del curso que finaliza.

Ante el poder de este cambio de paradigma, los poderes públicos con competencias en materia habrían de afrontar con una política de consenso, acorde con la dimensión histórica de este problema, un plan de respuesta ante un escenario de educación semipresencial, que garantice el ejercicio efectivo de la educación en tiempos de pandemia.

En la búsqueda de esa respuesta podríamos utilizar, como base, para hacer una reflexión, el Plan de contingencia del Ministerio de Educación y Formación Profesional, para la Ciudad Autónoma de Ceuta, (puedes leerlo AQUÍ) en la que mantiene las competencias de desarrollo legislativo y ejecución de la enseñanza.

Utilizaré las referencias del mismo, para confrontarlo con otros planes y la legislación, analizando el valor de esos documentos, muchos de ellos sin firmar, que valoran escenarios, con y sin dotación de recursos, fundamentan las acciones a seguir en la autonomía de los centros educativos y en funciones del profesorado, no recogidas en normativa y abordan acciones pedagógicas, de orientación y tutoría, que requieren de una formación previa y de un lenguaje facilitador para llevarlas a cabo”.

Más o menos el artículo empezaría así y lo terminaré otro día.

El de hoy prefiero titularlo “Mejor no me leas, estoy confundido”. Y es que al abordar un cambio de paradigma tan grave como éste, es probable que vea el mundo no como es, sino como estoy condicionado a verlo, por mi experiencia. Experiencia que en estos últimos días se ha visto enriquecida con la oportunidad de escuchar a varios profesores y a algunos directores de diferentes comunidades autónomas.

Esta incertidumbre y las respuestas oscilantes que van surgiendo para afrontar el próximo curso, les generan mucha inquietud acorde con la responsabilidad a asumir; e incluso temor personal ante los graves riesgos para la salud que supone una actividad de contacto social, inevitablemente directo entre el alumnado y el profesorado.

Baste decir, con relación a esta última cuestión, que la media de edad del profesorado español (45,6 años) y de los directores (52,2 años) es ligeramente superior a la media que ofrece, en este parámetro, la OCDE y la Unión Europea (datos del Sistema Estatal de Indicadores de 2019) y que los datos recientes de la media de edad de los nuevos contagiados, está bajando desde los 61 o 62 años (antes de mayo), a los 54 años de edad (puede leer esta información AQUÍ).

El 17-04-2020, escribí en el Blog una reflexión bajo el título: ¿Y si repite el curso que viene el covid-19? (puede leerlo AQUÍ). Al inicio del confinamiento se hablaba de la vuelta a las clases presenciales, al menos quince días, para finalizar el curso 2019-2020 y señalé, en ese artículo, entre otras cuestiones, “hay muchas dudas de que volvamos este curso (en mi opinión, de hacerlo, se incorporarían los cursos que finalizan las etapas de secundaria, bachillerato, formación profesional y régimen especial, siempre, en condiciones de seguridad)”. No era difícil acertar.

Recuerdo que un par de compañeras, maestras, muy ilusionadas con volver a encontrarse con sus alumnos antes de finalizar el curso 2019-2020, me escribieron para expresarme el desasosiego que les producía leer esa opinión, que a su vez calificaban de realista. Y pensé en lo bueno que sería estar confundido y que volviéramos a la añorada normalidad.

La conferencia sectorial de 24-06-2020 que recoge los Acuerdos de la Conferencia Sectorial de Educación, para el inicio y el desarrollo del curso 2020-2021, señala en su punto 2 que “la actividad lectiva presencial se adoptará como principio general durante el curso 2020-2021”.

Sin duda la educación presencial, por la que se apuesta como principio general es el faro que ilumina la educación como fenómeno fruto de la interacción del profesor con el alumnado. La cuestión es si ilumina la realidad o una realidad que aparece reemplazada, por la necesidad de recuperar la normalidad.

Hoy 18/07/2020, leo en el periódico “España se repliega ante la amenaza de una segunda ola de contagios por coronavirus”; un epidemiólogo apunta “sería necesario un confinamiento estricto pero es complicado”……

No veo realista que la respuesta gire sobre la presencialidad como principio general. Más bien habría de darse respuesta al nuevo paradigma: una situación de pandemia no superada y sin vacuna, para el inicio del curso 20-21; que afecta al proceso ordinario de enseñanza y aprendizaje y que obliga a un nuevo marco para el ejercicio de la autonomía pedagógica, organizativa y de gestión en los centros educativos.

Pero mejor no me leas. Seguramente estoy confundido. Aunque observo que el Ministerio de Educación y Formación Profesional, dedica su Plan de contingencia para Ceuta, casi en exclusiva, a dar respuesta al escenario de la educación en una situación sanitaria compleja, como la que estaríamos viviendo en estos momentos, con un sistema educativo de semipresencialidad y un papel relevante de las direcciones de los centros.

Sin comentarios.

Enviar un comentario.

Pin It on Pinterest

Shares
Share This

. Si continuas navegando por este sitio estás aceptando nuestras cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar