Transición y cambio de modelo educativo en el curso del COVID-19
16676
post-template-default,single,single-post,postid-16676,single-format-standard,et_monarch,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive

¿ Quién se ha llevado mi queso?

El título de esta entrada es el título de un libro de Spencer Jhonson. Podríamos decir que es un cursillo ameno y rápido de adaptación al cambio, que pone en valor la sensación de tener nuevas fuerzas, para afrontar una nueva dirección, alimentada por la generación de un nuevo conocimiento. Podría servir para pensar, en la transición y cambio de modelo educativo en el curso del COVID-19.

El día 17 de abril escribí una entrada bajo el título: ¿Y si repite el curso que viene el COVID-19? (puedes leerla aquí). En ella reflexionaba sobre la necesidad, para el próximo curso, de una “evaluación de los riesgos y la planificación de la prevención para ordenar un conjunto coherente y globalizador de medidas de respuesta educativa mixta (presencial y a distancia) laboral y asistencial, de acción preventiva adecuadas a la naturaleza de los riesgos que estamos viviendo”.

Ayer, 4 de mayo, leo en los medios de comunicación (aquí puede leer la noticia) que la Ministra de Educación ha manifestado que el Gobierno planea limitar a 15 el número de alumnos por aula el curso que viene. El Ministerio de Educación y las autonomías prevén un modelo escolar mixto ‘online’ y presencial”.

Estamos ante una etapa de transición y cambio del sistema educativo que sólo tendrá éxito si aplicamos confianza y un nuevo conocimiento.

El principal reto de los sistemas de educación y formación  es anticiparse al futuro y adaptarse a unos cambios que se suceden de manera acelerada. La formulación de objetivos comunes, el examen de las posibles soluciones y el intercambio de buenas prácticas constituirán importantes instrumentos para responder de modo conjunto a los retos que se plantean.

Siendo un reto, también es un fin. Así el sistema educativo tiene entre sus objetivos la preparación del alumnado para el ejercicio de la ciudadanía y para la participación activa en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento.

Anticiparse al futuro puede generar angustia; porque puede no servir aquello que aseguraba el papel de cada miembro de la comunidad educativa. “El pensamiento va hacia el futuro, pero la emoción se siente y se vive en el presente” (Celia Antonini, Psicóloga).

No era difícil prever que sin las garantías de una vacuna y con la presencia del COVID-19, el curso 2020/2021 no se desarrollará con la normalidad a la que estábamos acostumbrados.

Nuestra sociedad está en una fase de transición, para proteger su salud y la propia vida de las personas. Y esta transición afecta al modelo de relaciones sociales,  económico, cultural y político. Toda transición es cambio, en palabras de Paulo Freire, y el modelo educativo no queda al margen del mismo

La ventaja es que tenemos la posibilidad de anticiparnos y confiar. Confiar en la capacidad de los profesionales comprometidos con su tarea y del conocimiento, para transformar, en positivo, una realidad en nuevas posibilidades de enriquecimiento y desarrollo profesional y personal.

Puede que el próximo curso, quepan opciones desconocidas hasta la fecha, para evitar riesgos para la salud del alumnado y del profesorado. Puede que no podamos contar con suficientes recursos, porque todas las predicciones económicas son desastrosas a corto plazo (el déficit público se disparará al 10,3%, en el 2019 fue del 2,8%, debido a una caída de los ingresos públicos de más de 25.000 millones de euros y un incremento del gasto de más de diez puntos en un solo ejercicio, hasta el 51% del PIB). Así que la respuesta a ese nuevo escenario solo puede pasar, para que tenga éxito, por un pacto de cambio de modelo organizativo, pedagógico y de gestión de los centros educativos. Un nuevo modelo de autonomía de centros, con un marco distinto.

Un modelo que articule mejor la conciliación de la vida familiar y profesional; que convierta la formación y cualificación del profesorado en el verdadero valor añadido del sistema; que trabaje, de verdad, por competencias; que evalúe la adquisición, por el alumnado, de un nuevo conocimiento, habilidad o capacidad, frente a la simple huella o retención pasajera de contenidos; que articule la colaboración  del profesorado, en torno a la flexibilidad y a los equipos docentes; que desarrolle un trabajo interdisciplinar; que profundice en la tutoría y la orientación, para convertir al alumno en el actor del proceso de aprendizaje;  que desarrolle el formato audiovisual de unidad didáctica; donde las TIC tengan una verdadera finalidad compensadora y motivadora del aprendizaje; un modelo mixto que revierta el aprendizaje informal en la familia con el aprendizaje formal en la escuela; basado en el trabajo en red, de quienes comparten el esfuerzo para buscar el éxito escolar; con un liderazgo por competencias; un modelo de renovación de la cultura escolar basado en la colaboración profesional frente a la instrucción jerarquizada; un modelo de ”investigación-acción”, que renueva, experimenta e innova, etc.

Un modelo, en palabras de Paulo Freire, donde lo viejo y lo nuevo tienen valor en la medida en que son válidos, para afrontar este reto.

Sin comentarios.

Enviar un comentario.

Pin It on Pinterest

Shares
Share This

. Si continuas navegando por este sitio estás aceptando nuestras cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar